Worms

Querido lector, si te vas a tomar el tiempo para leer esto, por favor, asegurate de que no hayas comido nada, de que no estés comiendo nada y de que no vayas a comer nada. Me lo vas a agradecer.

No sé bien como empezar a relatar la historia, porque lo que me pasó hoy, fue algo que nunca jamás había experimentado y espero no volver a hacerlo nunca más…

Todo empezó cuando estaba por llegar al trabajo y me di cuenta que no me había guardado una botellita de agua en la cartera. Ya entré en pánico. Porque además de que la botellita es algo que tengo que tener si o si en mi bolso, no quería gastar plata. Ok, no entré en pánico, pero me irrité un poco.

Por suerte justo vi un kiosco gigante, que se parecía más a una casa embrujada, y entré ignorando totalmente a mi voz interior, que me avisaba a gritos que algo malo iba a pasar, pero como tengo el ego por las nubes (mentira) opté por pensar “bahh, quien es Celestina que me dice que no entre a este kiosco horrible? Pff, callate gila”. Idiota.

Entré al kiosco, un chinito me dijo “hola”, le devolví el saludo y fuí a buscar una botellita de agua. Cuando le voy a pagar aparece una señora que hablaba en chino. Aunque la verdad creo que me estaba hechizando o tirando a alguna maldición. Si, seguro. ¡Claro! Ahora veo que todo está conectado, porque en el momento en el que empezó a hablar, me tenté terriblemente con una barrita de cereal bimbo de frutilla, que me miraba con puppy-eyes que gritaban “llevameee, comeeemeeee, soy deliciooosaaa”. A esta barrita, de ahora en más, la conoceremos como la barrita del demonio.

Cuando la agarré, tenía un poco de polvito, y como desconfié un poco miré la fecha de vencimiento, decía mayo del 2012, asi que me quedé tranquila.

GRAVE ERROR.

Pagué y me fuí.

Fun fact: La señora china me dijo “¿popete?” en vez de sorbete y casi me internan de la risa que me tuve que aguantar.

Llegué a la oficina, lalalala, trabajé, tomé agua, miré elpopetey pensé, que lindo es rosa, blanco y negro.

Y así como así, llegó la hora del almuerzo, un par se fueron a comer y me quedé en la ofi con otro compañero más que me enseñó como abrir la puerta del microondas (!).

Comí mi tarta de jamón y queso que estaba riquísima, como siempre. Y me dispuse a comer el postre: la barrita del demonio.

La empecé a abrir con está cara:

(acá compruebo que el universo realmente me odia y no exagero ni un poquitito)

Cuando encontré la sorpresa más desagradable ever…

Un fucking gusano. Repito por si no leyeron bien,un fucking g-u-s-a-n-o.

Que en realidad, y por suerte, estaba muerto… aunque no sé si hubiese sido peor encontrarlo vivo…

Cuando descubrí que nuestro amigo en cuestión estaba escondido debajo de la solapita que tienen todos los envoltorios de barritas, pasé muy rapiadmente de la cara anterior, a la siguiente:

Cualquier persona normal y con una salud mental en óptimas condiciones, se levanta, tira la barrita así como está y va al baño a vomitar todo su almuerzo.

Evidentemente yo no soy normal y pensé “¿será un gusano o una basurita? A ver…”

*plash*

Y lo aplasté contra el plástico. Así comprobé que efectivamente era un gusano, porque quedo bañado en una mucosa verde totalmente asquerosa.

Llegamos a la tercer cara:

Acá si actué como persona normal, me levanté, despacito, con toda la calma del mundo, llegué al tacho de basura murmurando “no desesperes, no desesperes, no desesperes, no desesperes” y tiré la barrita del demonio.

Después de eso, quería morirme electrocutada, partida por un rayo, pisada por un colectivo, no me importaba. Estaba tan asqueada que, para mi sorpresa, no tenía ni ganas de acercarme al maldito kiosco para meterle a los chinos toda su mercadería bien por el orto.

Lo solucioné pensando en ovejitas, gatitos, colores y tomando mucha agua.

Y como yo me traumo fácil, Bimbo, quiero comunicarte que en el día de la fecha, perdiste un cliente.

Resumiendo, ¿qué aprendimos hoy?

1) Que siempre deben escuchar a su voz interior, siempre, no importa lo que esté pasando o cuan ridículo suene, confien ciegamente.

2) Que no deben confiar en ninguna china que diga “popete” por más gracioso que suene.

3) Que si creen que su comida tiene un gusano, no hay necesidad de experimentar y ponerse a comprobar si es real o están drogadísimos.

Me pregunto que genialidad me pasará mañana…