After Office

Ya todos saben que hoy fue mi primer día en una agencia nueva.

La mañana arrancó genial, 20 minutos en colectivo, caminé tranqui al rayito del sol, un poco cagada de calor, pero, pfff ¿a quién le importa? Son 20 minutos de colectivo y sin ir a microcentro (lugar al que no vuelvo más, lo firmo ahora, acá, no vuelvo a microcentro nunca más). Pura paz.

En fin, mi día fue un día de persona “nueva”, me presentaron al equipo, me asignaron un par de tareas, me preguntaron si quería ir a almorzar, fui, todo mega bien.

Pero como el universo literalmente me odia, tenía preparada una pequeña aventura para mí. A eso de las 18.40 (20 minutos antes de mi horario de salida), se largó a llover CON TODO. Al punto que llegué a pensar que las gotas podían tener tranquilamente el tamaño de mi cabeza, por lo tanto, llovían cabezas de Celestina de punta (?).

(las gotas eran así de grandes y estaban así de felices)

En fin, tuve la brillante idea de irme para Av. Libertador, pensando que ahí iba a ser muchisimo más fácil tomarme un taxi que me deje en mi casa sana y salva.

WRONG.

Si, por si no lo sabían me recibí de boluda y hoy terminé el posgrado en pelotudez humana.

Fue la peor idea del planeta, porque Libertador estaba hasta las re pelotas de agua. Bueno, pensé, Celestina, no tengas miedo, todo va a estar bien.

WRONG.

A ver como les explico, era como que lentamente me iba metiendo en una selva de agua, cada vez peor, el nivel de agua iba subiendo.

Las primeras cuadras, fui tranqui, pisando despacito, acá y allá. En una casi me voy a la mierda, porque pisé algo que resbalaba mucho que no me quiero imaginar ni que era. Pero no importa, seguí caminando como una campeona.

A esta altura, Nuñez ya me parecía un laberinto, y no importaba que camino iba a tomar, yo tenía que ir para abajo (porque debía llegar a Cabildo y Congreso).

Les juro que iba murmurando, “no me va a pasar nada”, “voy a llegar sana”, “seguro para en algún momento”, “capaz baja un superhéroe de la luna y me lleva volando a casa”.

En fin, nada de eso pasó, pero al menos me servia para seguir adelante. Todo iba mas o menos bien hasta que llegue a la esquina del terror.

En un momento intenté tomarme las cosas con humor y hacer de cuenta que estaba en una especie de playa con el agua totalmente putrefacta, llena de cosas horribles y pensé en saltar las olas que hacian los autos cuando pasaban por la calle.

Pero cuando me dí cuenta que no iba a tener otra opción que cruzar ese mar de agua cloacal, entré en pánico….

A esto sumale los autos que pasaban por la vereda, acá comprobé que soy realmente un enano de jardín, un demonio o una persona muy pequeña, porque lo muy conchudos parecía que no me veían, ellos pasaban igual, si una ola de agua podrida me bañaba, no importaba, total, ellos iban en sus autitos, secos y sanos, y yo me llenaba de gérmenes. Total, uno más uno menos, es lo mismo.

La mejor parte de todo, es cuando mi cabeza toma el volante de la situación y como no tengo peor enemigo que mi propio cerebro, empecé a pensar que al cruzar, no sabía con lo que me iba a encontrar… y no hablo de una basurita o algun pedacito de vidrio que me cortara el pie eh, no, hablo de este tipo de cosas…

De crituras horribles que planeaban cenar mis pies y de postre mi cabeza.

Por suerte, siempre hay una luz al final del túnel. Un señor vió la cara de pánico que tenía, me preguntó a dónde iba y me ayudó a cruzar la calle.

Creo que el miedo y el horror, me afectaron un poco, porque podría jurar que el tipo caminaba sobre el agua.

Y así fue como crucé la esquina del terror.

Luego tuve que caminar un poco más, pero después de haber cruzado esa esquina de mierda, ya no importa nada más, me sentía una mezcla de jugadora de rugby cantando el hacka y Mel Gibson en corazón valiente.

Seguía lloviendo, pero ya habia llegado a mi destino, Cabildo y Congreso. Casi no tenía fuerzas para seguir, pero seguí murmurando “no pasa nada”, “ya llegás a la parada del colectivo”, “todo va a estar bien”, “ninguna parte de mi cuerpo va a caer congelada en la calle”, etc.

Me faltaba solamente una esquina para llegar a la parada del colectivo, que ya estaba ahí, cuando escucho una voz que me dice “Vení, vení abajo de mi paraguas. Ya estás empapada, pero me da cosa igual”. Y no lo pensé ni una vez…

(el paraguas no era tan grande, me gusta exagerar)

Me metí abajo del paraguas del chico, quien se tomó el mismo colectivo que yo y me secó las monedas para que pudiera viajar. Pero como todo el mundo tenia las monedas mojadas, al final viaje gratis :P

En el viaje le dije a una señora que me iba a morir de neumonía, se me cagó de risa en la cara y me dijo “imposible, no es tan rápida la neumonía”. Reímos mucho.

Para terminar viajé con unos wachiturros que empezaron a poner cumbia en los celulares. Ya estaba por matar a todos, cuando el colectivo llegó a mi parada, me bajé y fui corriendo a casa. Llegué temblando y me fui a bañar.

El resultado:

Mi libro y mi agenda, arrugadisimos por la lluvia.

Mi cartera, hecha agua.

Mi zapatos, hechos una pecera…

¿Qué aprendimos?

Que tengo que inventar los botes deshidratados YA.

Brevemente voy a explicarles como funcionan:

1) Comprá el polvito y llevalo siempre en tu billetera, bolso, cartera, mochila o maletín.

2) Cuando llueve, salí a la calle, buscate un charquito y espolvorealo con el polvito.

3) Esperá unos 5 segundos y ¡voilà! Ya tenés un pequeño botecito para hacer rafting en el medio de la ciudad :D